Termitas o carcoma: cómo saber qué está comiéndose tu madera

Si lo que ves son orificios redondos de 1 a 2 mm con montoncitos de polvo de madera debajo, es carcoma. Si ves cordones de barro huecos de alrededor de 1 cm pegados a una pared, a un zócalo o a un marco, madera que suena a hueco y ningún serrín por ninguna parte, es termita subterránea.

La diferencia no es una curiosidad entomológica. La carcoma es un problema de la pieza: vive dentro de esa tabla, ese mueble o esa viga. La termita subterránea es un problema del edificio, y su nido no está dentro de tu casa, sino en el terreno. Por eso una se aborda tratando la pieza y la otra con un protocolo que la norma española mide en años.

El diagnóstico en cuatro observaciones

Mira el orificio, el residuo, si hay barro y qué aspecto tiene la madera rota. Con eso se resuelven casi todos los casos.

Lo que ves Carcoma común (Anobium punctatum) Carcoma grande (Hylotrupes bajulus) Carcoma de la albura (Lyctus spp.) Termita subterránea (Reticulitermes) Termita de madera seca
Orificio de salida Circular, 1-2 mm según UPM y AITIM; Higiene Ambiental lo amplía a 3 mm Ovalado, 6-8 mm según la UPM; 6-10 mm según AITIM e Higiene Ambiental Redondo, 1-2 mm Sin orificio característico: lo visible son túneles Orificios de salida de los alados en el caso de Kalotermes
Residuo Polvo de madera granuloso, con cápsulas fecales visibles Polvillo con pellets cilíndricos que a menudo no sale de la galería Polvo finísimo, como talco o harina, suelto No deja serrín visible: reutiliza las heces para construir los túneles Montoncitos de pellets fecales expulsados al exterior
Cordones de barro No No No Sí, huecos y de alrededor de 1 cm de diámetro No
Aspecto de la madera Perforada por galerías Galerías grandes; puede dejar una capa superficial de solo 0,5 mm Perforada en la albura Hojaldrada: láminas, porque se comen la madera de primavera El nido está dentro de la propia pieza
Elemento típico Muebles, tallas, carpintería, vigas de edificios históricos Armaduras de cubierta, vigas, puertas, ventanas, postes Tarimas y parqués de frondosa Vigas, forjados, falsos techos, cubiertas, marcos, ventanas, parqués y zócalos Carpintería exterior, marcos, puertas y mobiliario
Quién come La larva La larva La larva Las obreras, el 95 % de la colonia Las obreras de la colonia

Los rangos van atribuidos porque las fuentes españolas no coinciden entre sí, y redondearlas a una cifra única sería inventarse un consenso que no existe.

El orificio: quién lo hace y cuándo

Hay un detalle que cambia cómo se lee un agujero en la madera. Según la UPM, en los insectos de ciclo larvario “las larvas son las que se alimentan de la madera para su crecimiento” y los adultos “salen de la madera, para el apareamiento, perforándola”.

Es decir: el orificio lo hace el adulto al salir, no la larva al entrar. Cuando aparece el primer agujero, el daño interior ya está hecho y es anterior. Un mueble con orificios no es un mueble que empieza a tener carcoma; es un mueble del que ya ha salido al menos una generación.

El tamaño del agujero es el criterio más rápido para saber qué tienes delante:

  • Circular y de 1 a 2 mm: carcoma común del mueble (Anobium punctatum) según la UPM y AITIM. Higiene Ambiental lo describe como “completamente circulares” y amplía el rango a 3 mm.
  • Redondo y de 1 a 2 mm, en parqué o tarima de frondosa: probablemente Lyctus. El orificio se parece al de la carcoma común, pero el residuo no.
  • Ovalado y grande: carcoma grande (Hylotrupes bajulus). La UPM da 6-8 mm; AITIM e Higiene Ambiental, 6-10 mm. Es la que Higiene Ambiental describe como “una de las plagas más importantes de la madera estructural”.
  • Ningún orificio, pero la madera cede: sospecha de termita. Las subterráneas, según AITIM, llegan “a vaciar elementos portantes desde el interior sin alterar su aspecto exterior en un principio”.

Hay un cuarto insecto que complica el cuadro: Xestobium rufovillosum, el reloj de la muerte, que Remacha Gete (UPM) cita entre los anóbidos principales de España. La UPM le atribuye el mismo orificio que a Anobium y ninguna otra fuente española consultada le da un diámetro propio, así que aquí no se le pone milímetros.

El residuo: granuloso, talco, pellets o nada

Si has encontrado polvo de madera, ya tienes medio diagnóstico hecho: el aspecto del residuo separa las especies mejor que el agujero. El artículo sobre qué significa el serrín en el suelo junto a un mueble entra en el detalle; aquí lo esencial:

  • Granuloso, con cápsulas fecales alargadas que se ven con una lupa: carcoma común. No es polvo fino, es material con grano.
  • Como talco o harina, suelto, sin aglutinar: Lyctus. La UPM lo describe literalmente como “polvo finísimo, como talco o harina”.
  • Pellets cilíndricos, y a menudo nada visible: carcoma grande. Higiene Ambiental advierte de que su residuo “queda dentro de las galerías” y no sale al exterior. La ausencia de serrín no descarta a esta especie, y ese es el error de lectura más frecuente con las vigas de cubierta.
  • Nada, en absoluto: apunta a termita subterránea. Higiene Ambiental explica que no dejan serrín visible porque “utilizan sus heces para construir túneles”, y AITIM atribuye las “acumulaciones de serrín fino” a la carcoma, no a la termita.

Con un matiz importante que conviene no saltarse: la norma UNE 56418:2016 incluye “agujeros de salida y serrín en la madera” en su lista de señales de detección en edificios. Así que la ausencia de serrín es un rasgo característico y orientativo de la termita subterránea, no una regla absoluta. Si no hay serrín, sube la sospecha de termita; si lo hay, no la descartes del todo.

Las termitas de madera seca funcionan al revés: sí expulsan residuo, en montoncitos de pellets fecales granulares parecidos a arenilla. Un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Valladolid publicado en Forests los midió: alrededor de 865 × 522 micras en Cryptotermes brevis y 774 × 464 micras en Kalotermes flavicollis, es decir, por debajo del milímetro. No esperes distinguir la especie por el pellet: el propio estudio necesitó medición y estadística.

Los cordones de barro: la señal que no admite discusión

Si hay cordones de barro, no hay debate. La UPM describe las galerías de las termitas subterráneas como “regueros de barro huecos, con un diámetro del orden de 1 cm”, y es el único dato dimensional con fuente institucional española. ANECPLA los describe como “una especie de cordón terroso pegado a la pared, a las cornisas o voladizos”, e Higiene Ambiental los sitúa en los cimientos del edificio, de color marrón oscuro.

Los construyen porque huyen de la luz. La norma UNE 56418 los llama “túneles de progresión”: conductos visibles que las termitas usan para trasladarse “evitando contacto directo con el ambiente”. Ninguna carcoma hace nada parecido, y las termitas de madera seca tampoco.

De ahí sale la regla de oro para orientarse en un edificio, tal como la formula la UPM: si encuentras termitas en una planta alta, es fácil suponer que también han pasado por las inferiores. El termitero está bajo tierra y el camino hacia arriba ya lo han recorrido. Los artículos sobre cómo detectar termitas y sobre las termitas subterráneas frente a las de madera seca desarrollan qué mirar planta por planta.

Madera hojaldrada frente a madera perforada

Cuando rompes una pieza atacada, la textura delata al insecto. Las termitas subterráneas consumen preferentemente la madera de primavera, más rica en celulosa, y dejan la de verano y los nudos. El resultado, según la UPM, es una pieza con “aspecto hojaldrado muy característico”: láminas separadas, como un libro abierto. ANECPLA lo llama efecto “librillo”.

La carcoma no hace eso. Hace galerías que atraviesan la pieza en distintas direcciones, con serrín compactado dentro. Y en los cerambícidos como la carcoma grande, Remacha Gete advierte de que pueden dejar “una pequeña capa delgada de madera, a veces de solo 0,5 mm” sin perforar en la superficie: una viga puede estar visualmente intacta y hueca por dentro.

En el extremo de gravedad, ANECPLA cifra el ataque de la termita en prácticamente el 80 % de la albura consumida. Lo que no existe es un dato de velocidad: ninguna fuente española publicada dice cuánto tarda una colonia en comprometer una viga. Cualquier cifra de ese tipo que encuentres está inventada.

Mueble o edificio: lo que de verdad cambia

Aquí está el fondo del asunto, y lo que convierte esta distinción en una decisión de dinero.

Carcoma Termita subterránea
Dónde está el foco Dentro de la pieza atacada En el terreno, fuera de la vivienda
Tamaño del foco No hay cifra española publicada Un caso medido en Íllora (Granada): 470.000 a 1.140.000 individuos, 1.300 m² y 65 m de radio máximo
Alcance del problema La pieza, y las piezas compatibles con esa especie El edificio, y potencialmente los colindantes
Qué se trata La madera La colonia, además de la madera
Plazos de referencia El ciclo larvario: de menos de un año a más de diez según la especie UNE 56418: diagnóstico 1 año, tratamiento 5 años, monitorización posterior no inferior a 24 meses

La carcoma tiene un alcance limitado por biología. Cada especie necesita su sustrato: Lyctus requiere albura de frondosa con almidón —roble, nogal, fresno—, mientras que Hylotrupes bajulus ataca albura de conífera y aparece en armaduras de cubierta. Un Lyctus del parqué de roble no va a colonizar una vigueta de pino. Eso no la vuelve inofensiva: significa que el problema está acotado a las piezas compatibles.

La termita subterránea no tiene ese límite. La colonia está en el terreno y la vivienda es una fuente de alimento más. En la Península hay dos especies nativas, Reticulitermes grassei y R. banyulensis, presentes según el trabajo de Anticimex y el IPNA-CSIC publicado en Journal of Economic Entomology en “prácticamente todo el país”.

Por qué la confusión sale caraísima en las dos direcciones

Tomar una termita por carcoma es el error grave. Lleva a tratar la tabla que se ve con un protector de madera de superficie, y eso no toca a la colonia. El Código Técnico de la Edificación es explícito sobre lo que hace falta cuando hay ataque previo de termitas: el tratamiento “deberá ser en profundidad (NP5), garantizándose que las cabezas de las vigas queden totalmente tratadas en una longitud axial de 50 cm”, y añade que “debe valorarse la conveniencia del empleo adicional de tratamientos de barrera […] o de tratamientos mediante sistemas de cebos destinados a erradicar la colonia”. Ningún pincelado doméstico llega ahí. Lo que puedes comprar y lo que no está detallado en el artículo sobre productos antitermitas.

El coste de ese error se mide en el momento de la detección. Según el análisis de más de 9.700 registros de actividad de xilófagos de Rentokil Initial difundido por AITIM —casuística comercial de una empresa, no una estadística oficial—, cerca del 14 % de las incidencias ya se detectan en fase crítica o de riesgo máximo, y el 89,4 % correspondían a termitas subterráneas.

Tomar una carcoma por termita cuesta dinero de otra forma. Un tratamiento antitermitas en una vivienda de 70 a 100 m² se mueve, según los datos de Cronoshare recogidos en el artículo sobre el precio del tratamiento antitermitas, entre 900 € y 2.300 €, con el curativo en 25 a 35 €/m². Pagar eso, más cinco años de protocolo, por un aparador con Anobium es tirar el presupuesto. Una pieza de mobiliario se aborda en la propia pieza: AITIM documenta que las larvas mueren a temperaturas superiores a 55 o 60 ºC mantenidas de 30 a 60 minutos, y para piezas de valor existe la anoxia en cámara estanca. El artículo sobre cómo eliminar la carcoma de un mueble ordena las opciones por invasividad.

Hay un tercer error, más sutil: dar por termita cualquier bicho con alas que aparece en casa en primavera. Los alados de termita tienen, según Higiene Ambiental, antenas rectas, dos pares de alas iguales que en reposo quedan superpuestas y ninguna cintura; la hormiga alada tiene antenas acodadas, un par de alas más grande que el otro y un pedículo estrecho entre tórax y abdomen. El episodio completo está en el artículo sobre la enjambrazón.

Qué hacer con el diagnóstico en la mano

Si has llegado a carcoma en un mueble o en una pieza suelta, es un asunto tuyo y de la pieza. Si has llegado a termita, o no lo has podido descartar, tres cosas antes de llamar a nadie: no abras la galería ni desmontes el cordón de barro, porque destruyes el indicio que el técnico necesita; no trates solo la cara visible de la madera; y anota dónde has visto qué, porque la localización en planta es información de diagnóstico.

Para la aplicación de producto, la UNE 56418 remite al Registro Oficial de Biocidas, al Real Decreto 830/2010 y al ROESB. El resto de situaciones —un rodapié que suena hueco, una compraventa, un forjado común— están ordenadas en la guía de termitas y carcoma en la vivienda.

Preguntas frecuentes

¿Puedo tener las dos cosas a la vez? Sí. Son grupos de insectos distintos y nada impide que coincidan en el mismo edificio, o incluso en el mismo elemento. Si las señales no encajan en un solo patrón, lo razonable es plantear las dos hipótesis en vez de forzar una.

Tengo agujeros pero no sale serrín. ¿Está muerto el ataque? No se puede concluir eso. La única señal de actividad documentada en fuentes españolas es el serrín fresco —más claro y suelto que el viejo—, su reaparición después de limpiar, el ruido y la presencia de adultos en época de vuelo. Y en la carcoma grande el residuo suele quedar compactado dentro de la galería y no salir nunca. No existe ninguna fuente que permita datar un ataque por el aspecto del borde del orificio, ni ningún plazo publicado del tipo “si no hay serrín nuevo en tantas semanas, está inactivo”.

¿La termita entra por el mueble o por el edificio? La subterránea llega desde el terreno: su termitero está bajo tierra, porque necesita humedad y protección de la luz, y accede a la madera por contacto con la estructura. Las de madera seca son otro caso: Cryptotermes brevis forma colonias pequeñas que, según la bibliografía española, pueden instalarse tanto en una viga como en un mueble.

Si el mueble está barnizado, ¿estoy a salvo? Solo hay una afirmación verificada en ese sentido, y es específica de Lyctus: Higiene Ambiental sostiene que “las maderas barnizadas, pulidas, pintadas o enceradas no pueden ser atacadas por este insecto”. No se puede generalizar a las demás carcomas. Además, las hembras ponen los huevos en grietas y hendiduras, así que un barniz agrietado, unos cantos sin acabar o una trasera en bruto dejan de ser barrera.

¿Qué porcentaje de viviendas españolas tiene carcoma o termitas? No hay dato español publicado. Los porcentajes territoriales que circulan proceden de la casuística comercial de empresas de control de plagas, que refleja dónde se contratan inspecciones y no dónde hay más insectos. Cualquier cifra presentada como “X % de las viviendas de España” carece de fuente identificable.

Fuentes

  • UNE 56418:2016, Protocolo de actuación en cascos urbanos afectados por ataques de termitas subterráneas — definición de castas y de túneles de progresión, lista de señales de detección en edificios, elementos constructivos afectados y fases y plazos de la actuación.
  • Código Técnico de la Edificación, Documento Básico SE-M Seguridad estructural. Estructuras de madera — tratamiento en profundidad NP5 y tratamiento de las cabezas de viga en 50 cm de longitud axial cuando se han detectado ataques previos de termitas.
  • Universidad Politécnica de Madrid, F. Lasheras Merino — Patología de la construcción con madera y Patología de la madera: diámetro de los cordones de barro, aspecto hojaldrado, diámetros de orificio por especie, regla de la planta alta y ciclo larva-adulto.
  • Universidad Politécnica de Madrid, A. Remacha Gete — Agentes bióticos del reino animal que atacan a la madera: clasificación de los coleópteros xilófagos españoles, capa superficial de 0,5 mm de los cerambícidos y anóbidos presentes en España.
  • AITIM, Asociación de Investigación Técnica de las Industrias de la Madera — Insectos xilófagos, Protección curativa de la madera contra organismos xilófagos y Madera. Tratamientos curativos: orificios y serrín por especie, tratamiento por calor a 55-60 ºC durante 30-60 minutos, y difusión del análisis de más de 9.700 registros de actividad de xilófagos de Rentokil Initial (casuística comercial de una empresa).
  • Higiene Ambiental, revista técnica del sector del control de plagas — fichas de especie de Anobium punctatum, Hylotrupes bajulus, Lyctus spp. y Xestobium rufovillosum; ausencia de serrín visible en termitas subterráneas; comparación entre termita alada y hormiga alada.
  • ANECPLA, Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (fuente sectorial) — descripción de los cordones terrosos, efecto “librillo” y magnitud del 80 % de la albura consumida.
  • Mora, D. (Anticimex España) y Hernández-Teixidor, D. (IPNA-CSIC), Journal of Economic Entomology 118(3), 2025 — las dos especies nativas de Reticulitermes en la España continental y la medición de la colonia de Íllora (Granada).
  • Universidad Politécnica de Madrid y Universidad de Valladolid, Forests 11(4):408 — morfometría de los pellets fecales de Cryptotermes brevis y Kalotermes flavicollis.
  • Cronoshare, a través del análisis de precios del silo (fuente comercial de presupuestos) — horquilla de 900 a 2.300 € en vivienda de 70-100 m² y 25 a 35 €/m² en tratamiento curativo.

Última actualización: 25 de septiembre de 2026.